Juan 1:1 “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”

El verbo o más bien la vibración de nuestras palabras junto con nuestra intención tienen un enorme poder creador, y ese poder creador es justamente al que se refiere Juan, con el que Dios hizo todas las cosas, a través de la vibración del sonido y de su intención. Y cuando se dice que Dios creó al hombre a imagen y semejanza suya se refiere a que le confirió el poder de co-crear con él, con sus palabras y su intención. Pero no somos conscientes de ese gran poder que todos poseemos, porque no es muy evidente; no dices hágase la luz y ésta se hace como hizo Dios en la creación, más bien es al contrario; dices “hágase el coche o la casa de mis sueños” y no parece materializarse así de una forma instantánea, por tanto nos pensamos que las palabras no tienen mucho poder, y más que nada es por nuestra propia experiencia. Pero esto tiene una razonable explicación, porsupuestísimo!… Hay ciertas leyes que, de no ser respetadas, impiden que este gran poder creador que fue conferido al hombre sea manifestado. Y esa ley es el respeto en si a la palabra, ya sea pronunciada como una vibración de sonido o impresa en papel; considerándola en ambos casos como algo sagrado con un enorme poder para co-crear; y puesto que el humano no respeta eso, las palabras pierden entonces ese poder, ¿no crees que si no hubiera una cierta restricción en la materialización de todo lo que sale de nuestra boca a través de nuestras palabras, no se autodestruiría el humano a si mismo?…. ¿Cuántas frases destructivas y negativas no decimos a lo largo de nuestra existencia? ¿Cuándo no te has visto en una situación difícil en tu vida y has usado muy mal la palabra?… Cuándo estás enfadado, por la circunstancia que sea, ¿cómo suenan tus palabras?…. ¿cómo vibra tu voz?… Las palabras son espadas de doble filo, dime que no las has utilizado contra otros o peor aún, contra ti mismo en más de una ocasión. Si dijéramos algo y se cumpliera así sin restricciones, dime con sinceridad que no te arrepentirías de lo que has materializado. Porque es muy fácil quejarse de que pides algo bueno y no llega a tu vida, ¿pero cuantas cosas negativas han salido de tu boca y tampoco se materializan?…¡ah claro!… En esas cosas no caemos en cuenta!…. Huy si se cumpliera todo lo que decimos, la humanidad destruiría más que crearía. Llevados por la ira cuantas cosas decimos que no queremos materializar ni de lejos!…. Reconozcamos de corazón que no respetamos ese poder divino y creador que tienen las palabras y por tanto ni de lejos tampoco van a alcanzar esas “no respetadas palabras” la cualidad necesaria para co-crear. No nos quejemos entonces de que no se materialice lo que pedimos y demos gracias de que no se materialice todas las barbaridades que llegamos a decir cuando nos dejamos llevar promovidos por los sentimientos irascibles. Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad y para que tus palabras lleguen a alcanzar tal poder tienes que mostrar una enorme pulcritud y pureza en toda vibración que salga de tu boca. ¿Serías capaz de lograr esto?… Una completa pulcritud en cada una de las palabras que entonen tus cuerdas vocales.

Realmente ni tenemos conciencia del gran poder constructivo y destructivo de las palabras, ni le damos a las palabras la importancia, relevancia y respeto que verdaderamente merecen. Vamos evolucionando y en todo nuestro proceso evolutivo la humanidad se está olvidando de algo muy importante e imprescindible, el respeto a Dios o a esa fuerza creadora universal que nos dio la existencia en este universo y que nos confirió ese poder creador a imagen y semejanza suya, pero la palabra clave es “co-crear”, con ayuda de esa fuerza superior, y no tú solo!… No te confundas!… Dios crea, y tú co-creas a través de él; tu poder de materializar es directamente proporcional a tu capacidad de estar estrechamente unido a esa fuerza divina interior. Ya lo decía Jesús, “no soy yo sino el padre a través de mi”.

A lo largo de toda la historia de la humanidad siempre han habido seres más evolucionamos que nos han hecho de guías, nos han inculcado ciertos principios morales y nos han mostrado la importancia de respetar a Dios y las leyes que rigen este universo para que podamos lograr la mejor expresión de esa parte Dios que todos llevamos dentro y con la cual podemos co-crear. De las enseñanzas de estos guías o avatares se han ido forjando todas las religiones. Y todas las religiones coinciden en ese respeto a un Logos creador. Vivimos en un tiempo de fusión de culturas, pensamientos filosóficos y religiosos y eso está muy bien porque enriquece nuestra alma y nos ayuda en el proceso evolutivo pero todo eso debe construirse sobre unos cimientos sólidos que son “ese respeto a Dios” a una fuerza creadora superior, a un Logos.

Respeto a la Ley, es lo que han dicho todos los maestros y guías a lo largo de todos los tiempos; entre todas los mandamientos o directrices que han dado todos los emisarios de Dios, siempre ha predominado la importancia del respeto. Respeto a Dios, respeto a la Ley, respeto a los semejantes, pues una parte de Dios hay en cada persona que pisa la Tierra y no respetar a los semejantes es no respetar a Dios; y sobre todo un enorme respeto a uno mismo por el mismo motivo, porque si te respetas a ti mismo, y respetas tu parte divina, honras y respetas a Dios; si eres pulcro con las palabras que salen por tu boca mostrando que respetas también la divinidad que éstas tienen, tus palabras se tornarán cada día más poderosas; si demuestras que tienes la capacidad y la responsabilidad de utilizarlos solo de manera constructiva, se convertirán en una herramienta de co-creación y materializarán. Puedes avanzar, crecer y evolucionar mucho como persona pero no puedes perder jamás el respeto ni a Dios, ni al prójimo ni a ti mismo. Y recuerda que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, no tomarán tus palabras el poder divino de la creación y la materialización hasta que primero demuestres tu grado de maestría sobre el dominio de la palabra.

Un saludo!
Patricia Pérez.

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El Verbo Creador (El poder de las palabras)
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Juan 1:1 "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho." El verbo o más bien la vibración de nuestras palabras junto con nuestra intención tienen un enorme poder creador, y ese poder creador es justamente al que se refiere Juan, con el que Dios hizo todas las cosas, a través de la vibración del sonido y de su intención. Y cuando se dice que Dios creó al hombre a imagen y semejanza suya se refiere a que le confirió el poder de co-crear con él, con sus palabras y su intención. Pero no somos conscientes de ese gran poder que todos poseemos, porque no es muy evidente; no dices hágase la luz y ésta se hace como hizo Dios en la creación, más bien es al contrario; dices "hágase el coche o la casa de mis sueños" y no parece materializarse así de una forma instantánea,
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