“Nadie”… Es el título del octavo episodio de la sexta temporada de la serie “Juego de tronos” y que he tomado como título para este nuevo artículo sobre crecimiento personal por lo que en él se va a tratar y porque es un buen simil el personaje de Arya Stark y su historia con los hombres sin rostros para abarcar el tema de quienes somos realmente.

“Nadie” es la respuesta a la ambigua y ancestral pregunta que se hace todo humano desde el principio de los tiempos. Pero vivimos en una sociedad en la que ser calificado como “nadie” no denota un aspecto muy positivo por lo cual se rehusa el identificarse con este adjetivo y eso complica un poco el proceso del verdadero autoconocimiento. Nacemos de un padre y una madre, lo que nos confiere nombre, apellidos, un parentesco y una nacionalidad. Luego crecemos, buscamos un trabajo para ganarnos la vida y eso sigue definiendo nuestra identidad, y todo esto crea un personaje con el cual nos identificamos, pero nada de nuestra existencia actual define realmente quienes somos, o lo que somos, más bien nos aleja mucho de poder entenderlo.

Arya motivada por un interés muy personal, dada la situación complicada en la que se ve forzada a vivir dicho personaje, desea convertirse en un “hombre sin rostro” para hacer uso del poder que tienen éstos, aunque en un principio sea movido por una sed de venganza. Pero debemos tener bien presente que el humano no se mueve si no es por una fuerza mayor que le empuja hacia ese destino. Tendemos a la quietud y el estancamiento cuando no hay un estímulo externo que nos empuja a movernos y es por eso que la vida resulta a veces tan complicada, cada vez que toca moverse por destino, nuestro mundo se pone patas arriba forzándonos a movernos en alguna determinada dirección y es que venimos a esta vida a realizar cierto tipo de aprendizaje y eso sólo lo logramos viviendo cierto tipo de experiencias y moviéndonos particularmente en ciertas direcciones y no en otras. Pero una vez aquí, nacidos en la materia y metidos por completo en nuestro personaje, no tenemos acceso a tal información, por lo que resulta muy fácil perderse, entonces la vida nos empuja hacia esa dirección que debemos tomar sin demasiados miramientos. Pero a nosotros, humanos dormidos en el sueño de la materia, nos cuesta mucho ver que se esconde detrás de cada circunstancia complicada a la que nos somete la vida, es más fácil para nosotros (el personaje) verse como víctima de las circunstancias. Y realmente solo hay un modo de ver lo que hay detrás de cada circunstancia complicada de la vida y es dejar de identificarse con dicho personaje, y convertirse en “nadie”

Arya recibe unas cuantas palizas antes de poder renunciar a su identidad como Arya Stark de Invernalia, y llegar a sentir verdaderamente  que es “nadie” y  que puede ser mucho más que una simple identidad. Solo siendo consciente de que Arya no es más que un personaje, como cualquiera de los muchos personajes en los que puede llegar a convertirse un hombre sin rostro, es que puede llegar a dominar a la perfección el don que éstos tienen para tomar otra identidad e infiltrarse en la sociedad bajo una identidad completamente falsa. Solo siendo “nadie” es que puede ser muchos otros personajes.

Y toda esta historia en la vida de Arya encierra una gran enseñanza, una clave importante en el crecimiento personal, identificarte con tu personaje te hace más pequeño, te aleja mucho de tu verdadera esencia y de todo tu potencial. Si dices ser médico o mecánico ya no puedes ser otra cosa, si dices ser hijo de alguien ya no puedes dejar de ser ese limitado personaje, siendo de un lugar en particular pierdes la posibilidad de pertenecer a otros lugares fascinantes del mundo sin embargo siendo nadie puedes ser cualquier personaje, siendo nada tienes el potencial de serlo todo. Nacemos y morimos en diferentes vidas, cuando estás en una de ellas eres un personaje pero cuando sales de ella ¿quién eres?…. “nada” y a la vez el potencial del todo.

Por tanto reconocer que no somos nadie nos acerca más a nuestro Ser Superior, a nuestra divinidad, lo cual también confiere cierto grado de poder, o de magia que logra que se obren milagros. Ya lo hizo Jesucristo y también nos dijo “cosas más grandes que yo podréis lograr”…. Y así es!… ¿No existen mangos en la actualidad capaz de realizar proezas en contra de la naturaleza tal y como lo hizo y predijo Jesús?…. Sus palabras y afirmaciones sobre nuestro potencial son bien ciertas, pero no tenemos acceso a dicho potencial porque seguimos dormidos en el sueño de la materia creyendo que somos un personaje mortal y muy limitado, seguimos viendo el mundo con nuestros ojos físicos. Sin embargo los ojos no ven la realidad tal cual es sino que procesan una información, o la energía que forma lo que podemos percibir como materia, para que nuestro cerebro una vez procesada dicha información pueda crear para nosotros esa realidad que nos parece tan solida y estable, pero que no existe más allá de nuestros cerebros. No hay una realidad solida y tangible si no hay un observador que la mire. El mago por tanto ve la realidad de forma muy distinta, porque muy consciente de esta premisa, no la mira con los ojos físicos sino que la percibe tal cual es, como una energía manipulable y por eso puede alterar la realidad ante nuestras narices sin que nos demos cuenta de lo que hace realmente. Solo aprendiendo a ver sin los ojos y a percibir la realidad más allá de nuestros 5 sentidos es que podemos entender al mago y aquello que por ser algo poco común en nuestra realidad denominamos magia.

Empezar a percibir el mundo en el que vivimos como paquetes de información (energía manipulable) expande nuestra conciencia y nos acerca más a nuestro Ser Superior y a nuestro verdadero potencial pero no hay que olvidar un punto muy importante en nuestro proceso evolutivo y es que por más que tomemos consciencia de que no somos el personaje, eso no quita que tenemos que levantarnos cada mañana y vivir la vida de dicho personaje. Un día decidimos nacer  en esta vida con alguna finalidad en particular y debemos hacer aquello que nos propusimos hacer aquí, sea lo que sea, pues de lo contrario no tendría ningún sentido la existencia física no?….

También queda este detalle bien reflejado en la serie. Arya aprende todo lo que necesita saber de los hombres sin rostro pero se marcha de allí muy consciente de su personaje y sin perder de vista en ningún momento el objetivo principal que le llevó a Braavos y que le mantuvo motivada durante todo ese duro aprendizaje del dominio de ser “nadie”

Aprender a no identificarte con tu personaje no debería de alejarte de tu propósito de vida, seamos quien seamos del otro lado estamos aquí en esta vida para alcanzar unas metas y unos objetivos y eso hay que cumplirlo si no queremos repetir curso y volver una y otra vez a nacer, sin un manual de instrucciones bajo el brazo lo cual dificulta mucho el salir airosos de cada vivencia. Si estamos leyendo ésto, es que tenemos ya cierto grado de maestría en el autoconocimiento, no vayamos por tanto a estropearlo renegando de nuestro personaje, y olvidando que vinimos a experimentar y a evolucionar a través de éste cuerpo físico. Salgamos por tanto de Braavos como Arya Stark controlando el arte de ser “nadie” pero sin dejar de cumplir nuestro destino en esta vida.

Un saludo!
Patricia Pérez

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Nadie"... Es el título del octavo episodio de la sexta temporada de la serie "Juego de tronos" y que he tomado como título para este nuevo artículo sobre crecimiento personal por lo que en él se va a tratar y porque es un buen simil utilizar el personaje de Arya Stark y su historia con los hombres sin rostros para abarcar el tema de quienes somos realmente. "Nadie" es la respuesta a la ambigua y ancestral pregunta que se hace todo humano desde el principio de los tiempos. Pero vivimos en una sociedad en la que ser calificado como "nadie" no denota un aspecto muy positivo por lo que se rehusa a identificarse con este adjetivo y eso complica un poco el proceso del verdadero autoconocimiento. Nacemos de un padre y una madre, lo que nos confiere nombre, apellidos, un parentesco y una nacionalidad. Luego crecemos, buscamos un trabajo para ganarnos la vida y eso sigue definiendo nuestra identidad, y todo esto crea un personaje con el cual nos identificamos, pero nada de nuestra existencia actual define realmente quienes somos, o lo que somos, más bien nos aleja mucho de poder entenderlo.
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