Hoy 23 de noviembre el Sol ingresó en Sagitario abriéndonos la novena puerta en este viaje por los doce signos del zodiaco. Curiosamente esta vez no entra solo, también lo hace la Luna. La conjunción que da lugar al novilunio se va a dar exactamente en el grado 1 de Sagitario, por lo que son ambos cuerpos celestes los que nos dan la bienvenida. Bueno ellos junto con Mercurio y Venus que también están haciendo conjunción en el grado 9 de Sagitario. Los cuatro van a formar un potente «stelium» que nos va a impregnar de esa energía sagitariana hasta la médula. Y Júpiter además poniéndose directo en su marcha hacia el signo de Aries es como el vértice superior de una estrella de cinco puntas. Vamos que los dioses nos abren de par en par las puertas del Olimpo, cuanto menos resulta curioso, ¿verdad?

—Pinta bastante bien.

—El Sol y Luna representan nuestro principio femenino y masculino, nuestras energías yin y yang; y hemos estado iniciando cada etapa de nuestro viaje en el novilunio porque al igual que afuera es adentro. Esa unión de principios femenino y masculino también se da en nuestro interior. Nuestro Sol y nuestra Luna quieren lo mismo, cosa que no siempre sucede así, a veces nuestro Sol quiere una cosa y nuestra Luna, muy marimandona ella, quiere algo distinto y suele ser que siempre gana. Como suele pasar en toda casa de vecino. Pero la culpa de todo la tiene la Luna. Qué le vamos hacer. Y esa disputa que a veces vivimos fuera, con alguien de la polaridad opuesta, también está en nuestro interior. Tu Luna quiere que hagas cosas de su signo y el Sol quiere hacer cosas del suyo y terminan discutiendo. Aunque ya digo que casi siempre gana ella, y al final predomina más en nosotros el signo o lunar que el solar. Pero en el novilunio es distinto, se juntan y echan un polvo. Los dos quieren lo mismo. Por eso es un buen momento para trabajar en nuestro crecimiento personal. Es como pedirles a tus padres algo cuando están de buen rollito.

—Ya, por eso en las lunas llenas todo se revoluciona.

—Exacto. El plenilunio saca el hombre lobo que llevamos dentro. Ahí mejor no trabajar en nosotros, porque no tenemos muy claro lo que queremos y discutimos por discutir. Para llegar a un acuerdo mejor dialogar en el novilunio.

—Lo tengo en cuenta.

—Bueno seguimos. El Sol y Luna en nuestra carta natal representan nuestro principio femenino y masculino y también a nuestros padres. Resulta curioso ver como nuestra relación con ellos viene determinada por nuestra carta. Y por esa misma razón tendemos a buscar parejas que guardan ciertas similitudes con nuestros padres. El exterior siempre es una manifestación de nuestro interior

—¿En serio?

—Claro. Como es adentro es afuera. Y viceversa. Así que el hecho de que iniciemos esta etapa de nuestro viaje mientras se da la copulación entre estas dos energías ancestrales del padre y la madre universal nos propicia las mejores condiciones astrales posibles para que podamos hacer ese salto evolutivo y trascendental que toca en este punto del viaje, que es bastante importante, el ascenso del inframundo de Hades al Olimpo de Zeus. O si prefieres al Shambhala de los tibetanos o al cielo de los cristianos. Todo es análogo.

—Pero no entiendo una cosa, si aún nos faltan 4 signos, ¿el cielo no debería estar en el último?

—¿En Piscis?

—Sí.

—No, ahí no es. ¡Ves! ¡¿Cómo narices vamos a ir al cielo si no sabemos dónde está?! Piscis es la fuente de la que todos salimos y a la que todos volveremos. Pero eso está demasiado lejos hasta para los muertos. Ya te expliqué el mes pasado que hay muchas capas hasta llegar ahí. Piscis sería la doceava, la última. El Olimpo está más cerca hombre. Es el lugar al que vamos cuando desencarnamos pero aún tenemos intenciones de volver. De Piscis no se regresa. El que se va para allá no vuelve. Por eso en el Olimpo hay dioses en plural. Cada uno con su personalidad y con su cargo o regencia. No tiene nada que ver con el Dios del monoteísmo, la inteligencia suprema, la supraconciencia.

—¿Pero tú qué eres monoteístas o politeísta?

—Las dos cosas, aunque prefiero rezar a Zeus la verdad, porque él sí atiende tus súplicas. El Dios supremo no puede hacerlo porque todos somos uno con la supraconciencia, todos somos una parte de él. Dios está fraccionado en todos y cada uno de los átomo de su creación, cómo narices va a escuchar si es el mismo Dios el que hace la suplica. Es como rezarte a ti mismo y si tú no puedes ayudarte él tampoco. Para eso creó a los dioses y ángeles o guías espirituales, que no dejan de ser otra parte de sí mismo más evolucionada que nosotros. Son nuestros hermanos mayores. Y cada dios tiene diferentes características y te puede ayudar de una manera específica. Según lo que necesites puedes rezar a Zeus o a Afrodita. Es absurdo rezarle a la nada, porque así no logras nada. A Dios no se le reza, si eres cristiano en todo caso a los Santos o a Jesús o la a Virgen, ellos también tienen diferentes características y pueden ayudarte de manera específica. Y si tienen devotos es porque funciona. De eso no me cabe duda. Desde el otro lado todos pueden ayudar pero siempre con un acto de fe por nuestra parte. Si no, no hay modo. Ya lo decía Jesús: No soy yo sino tu fe lo que te ha curado. Igualmente a mí me mola más rezar a Zeus porque soy una friki de la astrología. Y total, del otro lado todo es energía, qué más da a qué le reces. De todos modos los que determinan nuestra realidad son los planetas, pienso que es más práctico pedírselo directamente a ellos. Por cierto, no me estoy saliendo del tema. Todo esto son asuntos sagitarianos, la fe, las creencias, el Olimpo, el cielo de los cristianos. Precisamente hacia ahí vamos.

—¿Vamos a ir al cielo sin pasar por la muerte física?

—El cielo y el infierno no son más que una vibración y existen en todas las dimensiones de la creación, en el más allá y en el más acá también, no es algo que solo se pueda alcanzar post mortem. Es más, si no logras alcanzarlo aquí, del otro lado menos aún. Lo similar atrae lo similar y lo que vibras es lo que atraes. Si tu objetivo es ir al cielo o al paraíso cuando desencarnes más te vale vibrar así antes de morirte o no lo lograrás.

—Sí, recuerdo que vimos eso en alguno de los signos anteriores. Alcanzas el paraíso o lo que sea que te encuentres del otro lado por afinidad de resonancia. Igual que aquí, vamos. Esa parte me quedó muy clara.

—Sí, pero hay más. Como vivimos en un universo bipolar, tampoco te creas que puedes alcanzar el paraíso sin pasar antes por el infierno. Son las dos caras de una misma moneda, para poder valorar necesitamos experimentar los opuestos. Y no es nada casual que para llegar a Sagitario haya que pasar primero por Escorpio, forma parte del proceso evolutivo. Pongamos por un momento que decides trabajarte esa vibración elevada que te permite conectar con la energía del cielo o del paraíso, para ser más concretos: la frecuencia del séptimo chakra. Pues tan pronto te pongas manos a la obra lo primero que vas a percibir en tu realidad es que tu vida se complica porque el Universo te invita a enfrentar primero todas tus oscuridades y no hay posibilidad alguna de que puedas evadir ese trabajo. Cada vez que nos marcamos un objetivo el Universo nos pone en el camino las circunstancias que realmente necesitamos trabajar o resolver para que logremos dicho objetivo. Igualmente alcanzar la vibración del séptimo chakra es en última instancia el objetivo final que todos tenemos como seres encarnados; y nos lleve una o mil vidas lograrlo el Universo siempre nos va a empujar en esa dirección y tiene muchos recursos para hacernos pasar forzosamente por el aro, pero es que no hay otro modo de trascender que vivir en carne ciertas experiencias. No hay paraíso sin infierno.

—Vaya por Dios.

—Sí. No es tan rosa ni tan poético lo de alcanzar el paraíso. No hay «ochomiles» que no conlleven cierto sufrimiento y sacrificio.

—Vamos, que había letra pequeña y no me lo dijiste. Ya te vale.

—Sí te dicen lo que implica subir al Everest no vas.

—Probablemente.

—Sí supiéramos con total certeza el sufrimiento y sacrificio que implica tener hijos no los tendríamos. Si supiéramos todo lo que sabemos ahora, más de cuatro cosas no haríamos, pero si no lo hubiéramos hecho no sabríamos lo que ahora sabemos; y nacemos precisamente para eso, para aprender experimentando, para trascender en base a nuestros errores. Si es que en verdad existen, yo no tengo eso demasiado claro. Porque si tenemos que experimentar algo que podríamos etiquetar como «error» para poder aprender de ahí una lección muy específica ¿cabe ahí el error?… Piensa que si no la hubieras cagado no hubieras aprendido esa lección, en ese caso, ¿cometes un fallo o es más bien un acierto?… ¿Tienes un accidente porque cometes un error o cometes un error porque tenías que tener ese determinado accidente?

—Visto así no tiene mucho sentido pensar en términos de error sino de experiencias que nos toca vivir para adquirir todo tipo de aprendizajes, buenos y malos.

—Exacto, así lo veo yo. Además, la vida no nos deja ver más allá del siguiente paso que se supone que por destino debemos de dar. No sea que se nos pase por la cabeza no hacerlo y si toca, toca. Así que te dije lo que necesitabas saber en ese momento para que pudieras dar el siguiente paso y es: Haciendo el viaje del héroe no hay riesgos ni errores. Vas a vivir lo que tienes que vivir para ir ascendiendo tu nivel de conciencia, para ir elevando tu frecuencia hasta la vibración del séptimo chakra a través de cada vivencia. Y créeme que eso va a pasar igualmente te plantees hacerlo o no, porque no es algo que dependa de ti sino de la inteligencia suprema que dio forma a la creación, es una ley universal, todos estamos aquí con el mismo propósito, hacer el camino de regreso a la fuente, y para eso necesitamos alcanzar la vibración del séptimo chakra. Y cuando no lo hacemos por nosotros mismos el Universo nos fuerza, poniéndonos a trabajar en cosas que deberíamos de estar haciendo y no hacemos. Entonces es cuando los problemas tocan a la puerta. Si no te mueves, te dan patadas en el trasero y eso aún duele más que si te planteas hacer el viaje del héroe por ti mismo. No sé si me he explicado bien.

—Perfectamente.

—Pero bueno, la parte más intensa, que era experimentar en nuestra vida cotidiana los asuntos pertinentes al área 8 de nuestra carta natal, ya finalizó. Bien podemos decir que hemos atravesado con éxito los infiernos escorpianos y este año encima con eclipses que aún intensifican más los efectos infernales; bajo esas condiciones astrológicas las aguas escorpianas se ponen más turbias y ahogan un poco más de lo normal. Vamos, que somos unos campeones.

—Pues mira que bien. Hemos ido a escoger el mejor año para hacer el viaje ¿no?

—Pues en parte sí, igual que ahora tenemos las mejores condiciones astrológicas para transitar Sagitario, el mes pasado tuvimos las mejores condiciones para experimentar Escorpio del modo más escorpiano posible, con muchísima intensidad, que es precisamente una de las características de este signo.

—¿La intensidad?

—Sí, pero oye…, el valor de la cruz siempre es equivalente al de la cara, ahora nos toca el lado bueno de la moneda. Así que bien. Además, como un eclipse triplica la intensidad, el crecimiento que se produce es equivalente a haber hecho tres veces el viaje del héroe, pero de una. Todo de golpe. Te acabas de ahorrar tres años de tu vida haciendo curro a nivel energético. De nada.

—Qué bruta eres. Yo prefiero avanzar lento pero seguro.

—Pues mira, eso se dice precisamente de Plutón, que es lento pero seguro, que aprieta pero no ahoga, solo lo suficiente para que nos podamos transformar en un diamante sin morir en el intento. Por eso se dice también que los cambios que va generando en notros  son irreversibles. Lo que mueve Plutón en su tránsito por nuestra carta natal no tiene vuelta atrás. Pero bueno, ya pasó y seguimos vivos.

—Y coleando, sí.

—Aunque bueno…, no hemos muerto a nivel físico, pero algo dentro de nuestra psique sí ha muerto o se ha transformando como sucede con el carbón al pasar a diamante. En verdad toda transformación plutoniana supone una muerte y es precisamente ese proceso escorpiano de muerte, metamorfosis o transformación lo que permite dar el salto cuántico sagitariano. Sin Escorpio no hay alquimia, y ni transmutación, ni la vibración de Sagitario en su más sublime expresión que es la trascendencia espiritual. Pero para que esa energía se pueda expresar en nosotros la vieja personalidad tiene que morir y dar paso a la siguiente versión.

—El gusano que se transforma en mariposa.

—Exacto y el viejo cuerpo sin vida se desintegra en la tierra (Escorpio) y el nuevo asciende al cielo y vuela (Sagitario). Muere en la dimensión de la linealidad (la 2D) para nacer en otra superior (la 3D), eso es precisamente la expansión de la conciencia, un cambio de percepción de la realidad, desde el aire vemos cosas que desde el suelo no veíamos. Dime … ¿Qué ha muerto en ti en este paso por Escorpio?…

—Eso precisamente. Mi forma de ver y vivir la realidad. Ya no veo la materia sin tener en cuenta el campo de energía que la anima, ni puedo vivir una situación sin pensar en lo que puede haber detrás. Toooodo el iceberg está presente en mi mente y trato de buscar el sentido a cada vivencia, el por qué y para qué de todas mis circunstancias…, el sentido de la vida misma.

—¡Claro!… Los sagitarianos y su eterna búsqueda del sentido, no esperaba menos de ti. Pero sí, se nota que te has metamorfoseado igual que el gusano. Para ti la Tierra ha dejado de ser plana. Mueres en la linealidad para nacer en la circularidad. Enhorabuena. Acabas de renacer en la quinta dimensión, la dimensión del espíritu. Ahora andarás por la calle y aunque parezca lineal no podrás dejar de ser consciente de que es redonda y de que las apariencias engañan, y que lo bueno no es tan bueno, ni lo malo es tan malo, aquí nada es lo que parece, ni siquiera la muerte que no es más que una transición de ésta a otra dimensión.

—¿Sabes?… Siempre había contemplado la muerte como el final de la existencia.

—La existencia no tiene fin y la muerte en verdad no existe, solo existe la transformación. Siempre dejamos de ser algo para convertirnos en otra cosa.

—Ya. La energía ni se crea ni se destruye solo se transforma.

—Exacto. Y tu cuerpo muere en la materia pero tu alma no. Tu esencia nunca muere, sin embargo en tu vida mueres constantemente, desde el momento que naces no paras de morir, a nivel físico y personal, tu yo de hoy nada tiene que ver con el de antes de transitar el signo de Escorpio y mucho menos con el que inició el viaje del héroe hace 8 meses, o con el que fuiste hace 25 años.

—Cierto.

—La muerte no existe y sin embargo es la quinta esencia de la vida. Siempre está presente. Sin muerte no hay vida. Si no se pudre la semilla no nace el árbol y tú y yo no existiríamos. Así que vivimos solo gracias a que siempre está presente ese proceso escorpiano de muerte, recuerda que el sexo también es Escorpio. Sin sexo tampoco hay vida, todos venimos de ahí, de ese proceso de muerte.

—¿Y qué muere ahí?… Ya sabes, en un coito.

—Para empezar tú. Tu ego y tu personalidad. Si hay ego no hay unión de conciencias. Si estás muy en ti no puedes sentir al otro en ti, ni su energía, ni sus emociones, ni su alma. Cuando te unes a otra persona de forma auténtica muere tu individualidad, si permaneces en tu individualidad es imposible que se dé esa unión.

—Sí, recuerdo lo que me comentaste del sexo trascendental, pero igualmente nacen niños de polvos convencionales. ¿Qué muere ahí?

—¿En serio me estás preguntando eso?

—¿No lo ves?

—Me dijiste que tenías hijos ¿no?

—Sí.

—¿Y qué murió en tu realidad después de tenerlos?….

—Ya. El estilo de vida que había llevado hasta ese momento.

—¿Ves?… Siempre muere algo llegados a ese punto del ciclo evolutivo. De Aries a Leo se da el paso del bebe al niño. En Virgo al adolescente. En libra maduramos y buscamos pareja. En Escorpio echamos el polvo, en Sagitario ascendemos por un corto periodo de tiempo a un estado de éxtasis trascendental al contemplar ese milagro que es haber creado una vida. Luego ese bebé abre la boca y empieza a pedir y tú pierdes tu libertad porque te transformaste en un «super papa»… (Capricornio) y ya nunca jamás volverás a ser el de antes, ni podrás llevar la vida aventurera de antes que te permitía hacer con tu tiempo libre lo que te diera la gana, además con la obligación de cubrir las necesidades de tus hijos por encima de las tuyas durante un laaargo periodo de tiempo. Y para cuando acabes con eso ya estás más cerca de Piscis que de otra cosa. En el ciclo evolutivo de las edades del hombre claro, no en el ciclo final de encarnaciones. Bueno. Ahora dime que no muere nada.

—Eres única cargándote el romanticismo de las cosas bonitas de la vida.

—Siempre puedes guiar tú y hacerlo a tu modo. De hecho habíamos quedado en eso ¿no?…

—Sí.

—¿Y qué?… ¿Lo vas hacer?

—Claro.

—Pues venga, tírale que ya tengo ganas de cambiar a Plutón por Platón y la transmutación por la trascendencia; también se pinta muy poética la metamorfosis del gusano a mariposa, cuando en verdad se asemeja más a la forma de transformarse del hombre lobo, desgarradora y dolorosa.

—¿No decías que te parecía bien haber hecho el trabajo de tres viajes en uno?

—Sí. Pero eso no quiere decir que no me haya resultado bastante pesado.

—¿Problemas con la hidra?

—Enfrentarnos a nuestros dragones es una de las partes más compleja del viaje. Claro que he tenido problemas ¿Tú no?

—No. Yo he vivido la versión poética. De gusano a Mariposa. Aunque para ser más precisos te diría que encajo mejor en la versión mística, el ave fénix que resurge de sus cenizas.

—Sagitario tenías que ser.

—Bueno… ¿Te apuntas al vuelo del fénix o qué?

—Por supuesto.

—Bien, pero primero vas a tener que salir de la zona escorpiana, me da la sensación de que aún estás ahí metida. Estás muy plutoniana.

—¿Qué dices?

—Que estás muy plutoniana.

—Te he oído.

—¿Entonces para qué preguntas?

—¿En serio?… Anda, empieza de una vez.

—Pues venga. Dejemos el Hades que no paras de hablar de eso y así no llegamos al Olimpo.

—¿¡Será verdad!?

—Venga bonita que Zeus nos espera.

—Sí es que ya lo dice el refrán: Quién con sagitarianos se junta …

—Pues eso, trasciende y vuela. Venga vamos.

—Sin comentarios.

—Bueno, ahora sí entramos de verdad en los dominios de Zeus, Júpiter para los romanos. Regente del signo de Sagitario y el planeta de la expansión, la buena fortuna, la suerte y el júbilo, el conocimiento superior, los principios éticos, morales, filosóficos, religiosos, la universidad y los estudios de grado superior, el aprendizaje de otras lenguas, el conocer sobre otras culturas actuales o ancestrales, los viajes al extranjero, las escapadas aventureras a lo Indiana Jones.

—Claro, donde puede explorar y descubrir nuevos territorios mientras persigue algún objeto sagrado o alguna verdad oculta y sepultada por el paso de los años, buen símil el de Indiana Jones, veo que has profundizado en el tema.

—¿No es precisamente una característica del sagitariano profundizar y llegar hasta el final?

—Hombre…, hasta el final precisamente no, el final es Piscis. Sagitario es más bien el profundizar en un tema hasta controlarlo con auténtica maestría y eso es prácticamente imposible porque la verdad es tan basta que no la podemos alcanzar jamás. «Solo sé que no sé nada» decía Sócrates. Pero el hecho de que no podamos llegar a alcanzar la verdad o el conocimiento absoluto no es motivo suficiente para que el sagitariano abandone su búsqueda por la sabiduría o cualquier objetivo que se marque; porque lo que en verdad le atrae al sagitariano no es tanto encontrar lo que busca sino la búsqueda en sí misma, el proceso. «Solo sé que no sé nada» dijo Sócrates, pero jamás desistió en su búsqueda de la verdad. Literalmente perdió la vida en el intento. Pero es que a Sagitario no le importa morir por sus ideales…, antes muerto que retractarse. De ahí que el lado más negativo de este signo sea precisamente el fanatismo.

—Cierto. Y también el actuar en base a sus creencias poniéndolas como única verdad o como lo más «correcto».

—Mira, ahí sacas un tema super interesante. Las ideologías y programación mental que hemos adquirido desde la infancia y que hace que actuemos de una manera o de otra y que realmente nada tiene que ver con nuestra verdadera esencia. Desde que nacemos nos condicionan para que nos comportemos de una manera determinada o de otra, diciéndonos lo que está bien y lo que está mal, lo que deberíamos o no deberíamos hacer. Y así no nos dejan ser nosotros mismos.

—Es cierto.

—Los padres educan según los educaron a ellos, clonado y perpetuando sus viejas creencias y sepultado a veces los dones que puedan traer porque al inculcarles la vieja programación no les damos la oportunidad de conectar con su esencia, de descubrir sus verdaderos talentos, o lo que realmente les gusta o no le gusta. Y ahí no hay crecimiento personal, más bien todo lo contrario. Los condicionamientos nos encadenan, no dejan espacio a la expresión del Ser. Para poder evolucionar necesitamos reprogramarnos y liberarnos de todo ese determinismo impuesto. Vamos a tener que ir detectando los viejos patrones de pensamiento, toda esas ideas que nos metieron en la cabeza y que dimos por ciertas, válidas y verdaderas y que desgraciadamente son las causantes de la realidad que actualmente vivimos. Lo que crees es lo que creas. Pero… ¿y si muchas de esas cosas que te dijeron no son ciertas y resulta que son las que te están jodiendo la vida porque tú te las creíste y aún alzan su voz en tu subconsciente cuando tratas de tener una experiencia distinta para detenerte y que no lo hagas?…

—¿Eso pasa?

—Y tanto. Además tiene que ver con el trabajo de Hércules de este signo. Si en Escorpio teníamos que luchar contra los pensamientos, aquí nos enfrentamos a los programas mentales que nos hacen pensar de una manera determinada. ¡¿Qué digo?!…, peor aún, porque a veces ni siquiera es que nos hagan pensar, simplemente lo hemos aceptado como una verdad absoluta y lejos de poder discernir lo acatamos sin más. Imagina que tu padre te dijo que para triunfar en la vida tienes que trabajar muy duro y tú lo aceptaste. Si es así para ti cualquier triunfo va a ir asociado a un arduo e intenso trabajo.

—Ya. Creencias limitantes.

—Sí, como «para lucir hay que sufrir» o «al que madruga dios le ayuda»… y todo ese tipo de frasecitas que repetimos como loros porque nos las dijeron, y puede parecer una chorrada, algo inofensivo, pero como las demos por ciertas entran en nuestro subconsciente y desde ahí empiezan a dar forma a nuestra realidad. Y un día te levantas tarde y te va como el culo de mal porque te creíste lo que repetiste. Y he dicho esa por decir alguna, pero hay otras frases menos inocuas que van a determinar tu calidad de vida. Y algunas las adquirimos en nuestro seno familiar, otras nos las dicen fuera y otras simplemente las heredamos por cultura. Por haber nacido en un sitio determinado ya crecemos bajo cierta programación.

–Sí, es verdad. Lo que en una cultura es considerado éticamente correcto en otra puede que no esté bien visto. Los japoneses hacen ruido cuando sorben la sopa, no hacerlo se considera una falta de educación y aquí es al revés.

—Por eso tratar de juzgar si algo es ético y moral desde unos criterios socio-culturales adquiridos no tiene mucho sentido. Bueno en realidad no tiene sentido juzgar nada ni a nadie porque siempre vamos a tener una visión relativa de la verdad. ¿En base a qué se juzga?

—Cierto. Sin embargo juzgamos constantemente.

—Pero porque nos han educado así. Si hubiéramos crecido siendo conscientes de que toda verdad es una verdad a medias tal vez no perderíamos ni el tiempo ni la energía en emitir juicios. ¿Quién sabe lo que hay tras las apariencias?… Los caminos de Dios son inescrutables. La VEDAD absoluta, el saber si algo realmente está bien o mal, los auténticos principios morales, la metafísica…, todo eso queda muy fuera de nuestro alcance, forma parte de los dominios de Piscis, el Omega, nuestro destino final. Aun así Sagitario, aventurero y temerario, osa adentrarse en terreno desconocido persiguiendo la VERDAD, algo que está muy fuera de su posibilidades, pero eso a él le da igual porque su fe es tan grande (y eso le viene de Júpiter) que se cree capaz de tocar las estrellas y de ir hasta  infinito y más allá en pos de esa verdad o de lo que sea que se proponga. Pero gracias a eso hoy disponemos de todo ese conocimiento que nos legaron los grandes filósofos y metafísicos de toda la historia. Que sería de nosotros si no fuera porque todo llevamos dentro un Sagitario. Desde luego el mundo sería más triste . ¿Sabes?… Es bonito perseguir un sueño, le da sentido (Sagitario) a la vida, y además es la zanahoria que nos hace salir de la cama y movernos cada mañana, y nos permite avanzar y coronar la cima en el signo siguiente que es Capricornio. Si nos paráramos porque una meta nos parece inalcanzable no nos moveríamos jamás y no se daría nunca ningún crecimiento personal. Por eso Sagitario es el signo de la expansión y el crecimiento personal. Todos necesitamos perseguir un sueño inalcanzable y cuanto más imposible y lejano esté de nuestro alcance mejor, eso significa que más nos vamos a mover al ir en su búsqueda; y que lo persigamos no quiere decir en absoluto que tengamos que alcanzarlo, cuando lo alcanzas de hecho te paras en seco y tu proceso de expansión de la conciencia cesa. Por eso para Sagitario lo que importa es el proceso, no el llegar a la meta, eso es más del capricorniano. Pero realmente lo que tiene valor para nosotros es todo lo que va aconteciendo por el camino hasta llegar al destino. Eso a lo que tu llamas la aventura de la vida es en su más pura esencia «Sagitario». Por eso esta estación es una de las más importantes del viaje del héroe.

—Vaya monólogo. Te has puesto en modo filósofo total.

—Es lo que tiene Sagitario.

—Bueno, eso es señal de que hemos dejado el Hades atrás.

—Sí. Mejor en modo jupiteriano optimista que en modo plutoniano pesimista ¿no?

—Qué quieres que te diga, el mundo es un lugar más hermoso cuando se contempla con ojos de optimista. Los plutonianos llevan gafas demasiado oscuras para mi gusto.

—Claro, que va a decir un sagitariano de pura cepa. Pero sí, tienes razón, si no hubieran optimistas no habrían astronautas, ni pilotos de aviones, ni cirujanos, ni gente que construya rascacielos o se cuelgue de arneses para limpiar sus cristales. Más de cuatro cosas no haríamos si no fuera porque todos llevamos un Sagitario dentro que nos motiva a tirar para adelante sin mirar atrás, sin ver riesgos, ni impedimentos, ni peligros. Claro eso tiene su lado bueno y su lado malo, porque a veces llevados por ese entusiasmo y optimismo desmesurado jupiteriano nos lanzamos sin medir las consecuencias y nos damos de bruces contra la realidad saturnina. Por eso tampoco es casual que después de Sagitario venga Capricornio, bastante más comedido. El salto evolutivo aquí es el grado de madurez, el tener la capacidad de ver de antemano las consecuencias de nuestros actos y en base a lo que queremos manifestar en nuestra realidad hacemos o no hacemos ciertas cosas. Lo cual me recuerda que para aprender a manejar las energías de cada signo con auténtica maestría tenemos que estudiar su comportamiento dentro del eje.

 

El eje Géminis—Sagitario ♊️♐️

 

—Bueno Sagitario, de lo bueno ya hemos hablado largo y tendido, qué tal si me hablas ahora del lado oscuro de este signo… ¿O esa parte pensabas saltártela?

—La verdad es que no quería quitarte ese privilegio. Sé que lo estás deseando. Tírale tú y ya te corrijo yo si te equivocas.

—Pues mira sí, me voy a dar ese gustazo. Los sagitarianos, al estar regidos por Júpiter, el cuerpo celeste más grande del sistema solar, el planeta de la expansión, tienden hacerlo todo de manera desmesurada, son bastante exagerados, extremistas, fanáticos, camicaces, cabezones, yoistas… Los compañeros de viaje tienen que adaptarse a sus ritmos y a sus planes,…. ¡Ah!… y son unos mujeriegos porque Zeus es famoso por sus muchas y constantes infidelidades y además no son de fiar porque en tal de salirse con la suya te pueden contar cualquier historia para engatusarte. Zeus lo hacía.

—Oye que buena prensa nos haces. Menos mal que todos tenemos los 12 signos y nadie se libra.

—¡Ah sí! Los Libra sí que se libran. Son realmente considerados con los demás, piensan en complacer antes al otro que a sí mismos, no como los Sagitario.

—Ja, ja… Pues menos mal que todos tenemos un Libra dentro.

—Bromas aparte. Yo hablo solo del comportamiento de las energías y los efectos que pueden generar en nosotros. Es imposible clasificar a alguien en un signo porque somos una mezcla de los doce, no existen los pura sangre. Como dirían en Harry Potter, respecto a los horóscopos todos somos sangre sucia, en nosotros se manifiestan características de todos los signos porque son precisamente las doce formas que tiene la energía de manifestarse en el Universo. Y no hay que olvidar que somos energía, y lo que te diferencia a ti de cualquier otra persona es precisamente tu configuración astrológica. Esa que vemos ahí plasmada en el mandala astrológico de nuestra carta natal, que no es otra cosa que el lugar en que estaban los planetas, o los dioses del Olimpo si prefieres, en el momento de tu nacimiento.

—Pero entonces, ¿somos así porque nacemos ese día o nacemos ese día porque están los astros marcando nuestra configuración de salida?

—¡Tú sí que te has salido con esa pregunta!… Lo segundo por supuesto. Nacemos cuando los astros se colocan con total precisión y exactitud para que en tu proceso de descenso se cargue en tu campo la configuración que necesitas para esta encarnación según tu nivel evolutivo y tu programa de vida. Toda una obra de ingeniería.

—Joder.

—Impone ¿eh?

—Ya ves. Da un poco de yu-yu.

—Como para definirnos con un simple horóscopo. Absurdo. No existen dos personas iguales, ni hay dos configuraciones astrológicas parejas ni aun siendo gemelos. Y esas energías de las que hablo y que hacen que seamos de una manera determinada o de otra, las sostienen los planetas para nosotros y al encarnar, una parte de ellos o más bien de su información queda grabada en nuestro inconsciente. Por eso naces cuando naces. En una fecha y hora determinada y no en otra. Porque según dónde estén emplazados, su energía varia y eso nos afecta. Cuando dicen que somos polvo de estrella es cierto. De estrellas y planetas, pero a nivel materia y también cuántico. Todo en el Universo está perfectamente orquestado. Nada es casual. Menos aún tu nacimiento. Eso sí, una vez naces, dentro de tu plan de vida tienes un gran margen de libre albedrío y ahí, en ese margen, en tu propio mito, en tu videojuego personal tienes cierta libertad, puedes tomar decisiones que te llevan por una ruta o por otra, y vas a cometer aciertos o errores que te van a ir dando cierto conocimiento y con cada vivencia vas madurando, vas evolucionando y vas transformando esa configuración astrológica inicial. Porque la energía en la creación está en un constante movimiento evolutivo. Desde que nacemos hasta que morimos nuestra energía evoluciona, con cada vivencia, con cada aprendizaje, así que…, aunque mires tu carta natal y saques información de ahí, tienes que tener presente que tú ya no eres ese. Ese es el que llegó al mundo ese día en concreto, pero de eso hace mucho, por el camino has ido evolucionando y cosas de tu personalidad han cambiado por ende también de tu carta.

—Por eso vemos características con las que no nos sentimos identificados.

—Correcto. Y para tener la versión actualizada habría que morir de forma física y volver a nacer y eso no es viable. Así que hay que mirar la carta con una visión bastante amplia y flexible. Sin verla como algo estático y determinista, mirando más bien las progresiones de algunos cuerpos celestes que hablan un poco de nuestro proceso evolutivo. Pero bueno, a nosotros lo que nos interesa realmente es saber las características de los signos y cómo se comportan las energías porque eso es lo que nos afecta. Lo que queremos es aprender a manipularlas y equilibrarlas a través del signo opuesto, pues es en ese punto de equilibrio entre ambos dónde se da la expansión de nuestra conciencia, donde adquirimos una mayor perspectiva de las circunstancias y alcanzamos la maestría capricorniana al saber compensar las características más negativas de cada signo para que eso no nos domine ni nos lleve por delante. Autocontrol. Dime… ¿Cómo compensamos el fanatismo y esa fijación y obsesión por alcanzar un objetivo al precio que sea?

—Con Géminis. Poniendo otras metas y objetivos.

—Muy bien Sagitario. Con un poco de Géminis que es justo lo opuesto, el que mucho abarca y poco aprieta. Al geminiano le gusta saber un poco de muchas cosas pero no se especializa en nada; le cuesta mucho llevar las cosas a término porque le van surgiendo nuevas historias por el camino y todas le llaman más la atención, no puede decidirse por una en particular. Entonces no termina nada porque no deja de empezar cosas nuevas. El sagitariano por el contrario se centra en una y no cesa hasta que la consigue, le cueste lo que le cueste. Así que ni tanto ni tan calvo. Cuando estés en una de las dos polaridades intenta conectarte con la otra, que también está en tu interior y puede tirar de ti en la otra dirección y compensar.

—Entiendo. Lo que no me queda claro es cómo compensar lo de ser un mujeriego. Porque si a los geminianos todo les llama más la atención y todo les atrae, supongo que también…

—Sí. También son unos mujeriegos o unas hombreriegas. Esa necesidad de diversidad del geminiano debería de compensarse con Sagitario pero resulta que el planeta regente peca de promiscuidad. Entonces no hay modo de compensar eso. No tiene remedio lo siento.

—Un error de la matrix.

—A saber. Los caminos de Dios son inescrutables. Puede que sea por la teoría del espejo, ya sabes, es a través de otros que terminas conociéndote mejor a ti mismo y Júpiter como es tan grande no puede contemplarse en un único espejo, de ahí sus corredurías pero para equilibrar eso ya tenemos a Saturno o el signo de Capricornio en nuestra carta. En ese caso esa característica se compensaría con el signo de al lado. No hay que olvidar que hay un salto evolutivo de un signo al siguiente y por ahí también podemos equilibrar. Esa es la finalidad del viaje del héroe, que puedas vivir cada signo y ver en cuál de ellos estás quedándote estancado y a través de ese paso forzado al signo siguiente puedas dar un salto evolutivo y cambiar tu situación actual. Cuando un signo nos condiciona demasiado la solución a ese problema la encontramos dando un salto cuántico al signo de al lado. Por ejemplo, si las aguas escorpianas te atrapan, no es precisamente haciendo cosas que tengan que ver con ese signo como logras liberarte de esa atadura, eso lo único que hace es ahogarte más. El salvavidas lo encuentras conectándome con el signo de Sagitario, poniéndote en modo filósofo, conectando con tu lado más trascendental, con un ideal, con un pensamiento más sublime y más elevado que tire de ti hacia arriba y además no debes mirar hacia abajo. Sagitario invita a eso, a elevarte de una forma brutal, pero sí miras abajo caes. El reto está en tener fe (Sagitario), en confiar ciegamente en la causa o en Zeus, y durante ese proceso de ascensión del inframundo no puedes mirar atrás. Como mires no funciona. ¿Conoces el mito de Orfeo y Eurídice?

—No.

—Bueno pues historia larga hecha corta, Orfeo pierde a su amada y decide ir a rescatarla de entre los muertos. Baja al inframundo, habla con Hades y no recuerdo muy bien cómo pero el caso es que logra convencerlo y al final accede a que se la lleve con una condición. Y esto es relevante así que presta atención. Hades le dice: Te concedo lo que pides pero para que ambos podáis salir del inframundo (Escorpio o casa 8) tienes que andar todo el camino hasta la superficie sin mirar atrás en ningún momento hasta que hayas llegado a la superficie (Capricornio); tienes que hacer un acto de fe (Sagitario) y creer que tu amada te va a seguir. Y por más que te inunde el deseo y las ganas de hacerlo…, ¡no puedes! Sin un acto de fe (Sagitario) no hay manifestación del deseo. Sí realmente quieres liberarte de la cárcel escorpiana, necesitas conectarte con la parte más sublime de Sagitario que es la fe en algo superior, un orden o una razón, llámalo Zeus, llámalo Dios, o llámalo como te venga en gana porque el nombre es lo de menos, pero sin ese acto de confiar y «no mirar atrás» no se da el salto evolutivo que toca hacer llegados a este punto del viaje. Dime una cosa… ¿No te ha pasado?… Algo en tu realidad ha tenido que ponerte en esa tesitura escorpiana que tiraba de ti hacia abajo para que realmente te costara hacer el salto cuántico. Ya te dije que es uno de los puntos más complejo del viaje y aquí la vida no nos lo pone fácil sino lo contrario, la fuerza de la gravedad tira de nosotros para atraparnos en las aguas escorpianas. Dime, ¿te pasó?…

—Claro que me ha pasado. Pero puede salir de ahí sin mirar atrás y además sin despeinarme.

—Serás creído.

—Solo lo necesario para que no me lleven por delante las aguas escorpianas. Pero yo te diría que más bien es confianza y fe en uno mismo, que no es lo mismo que ser un creído.

—Vale, tú ganas Sagitario. En eso te tengo que dar la razón.

— Oye, no me has contado el final de la historia.

—Pues no lo logra. El deseo de mirar hacia atrás le pudo y su amada se desvaneció delante de sus narices y tuvo que volver sólo a la superficie. Apenado y angustiado por su pérdida porque Hades no da segundas oportunidades.

—¡Vaya por Dios!…

—Ya te he dicho que es el punto más crítico y más duro de todo el viaje del héroe, porque aquí es dónde se produce la verdadera ascensión, dónde se da el salto cuántico, dónde te conviertes en el fénix y vuelas y llegas al «Shambala»… Pero para lograrlo con éxito tienes que pasar primero por ese pasaje que requiere de ti que no mires ni obedezcas a tus instintos más escorpianos, y créeme que se intensifican mucho. Tratas de no pensar en eso, pero eso llama tu atención. Y como mires en esa dirección te quedas atrapado en esa situación y no hay Shambala que valga. Fin del viaje del héroe. Y te toca volver a empezar desde Aries, signo por signo.

—¿Pero no has dicho que Hades no da segundas oportunidades?

—Y no las da. Por eso te toca empezar otra vez desde el principio, signo por signo, y el que llega nuevamente a ese cruce del área 8 al área 9, después de reiniciar el viaje, es otra persona muy distinta. Nada tendría que ver con tu vibración actual. Te recuerdo que del otro lado no eres más que una vibración determinada. Si te presentas ahí con una vibración distinta claro que puedes volver a negociar con Hades. Igualmente solo tendrás una oportunidad. Si fallas otra vez vuelves a empezar de 0. ¿Te quedó claro no?…

—Como el agua.

—Pues ya sabes. A ponerse en modo filósofo, trascendental y metafísico.

—Lo dirás por ti ¿no?… Te recuerdo que fui yo el que te animó a salir del Hades sin mirar atrás.

—Sí. Es cierto. Eres muy sagitariano. Pero cuidado con eso. Todos los signos tienen una cárcel que te atrapa para que no des el salto cuántico al siguiente signo y esa cárcel es precisamente su lado oscuro, la energía más baja de cada signo; todos las tienen, forma parte de la experiencia, es a través de vivir tanto lo positivo como lo negativo de cada signo que vamos aprendiendo. Y supongo que no hará falta que entre a detallar la cárcel sagitariana ¿no?…

—No, ya dejaste eso bien claro.

—Conforme vamos avanzando por los signos el salto al siguiente se va volviendo más complicado. Como en un video juego. El paso al siguiente nivel implica retos más complejos. Es mucho más difícil poner límites a un Sagitario que hacer que alguien salga del inframundo sin mirar atrás. Sagitario es hasta el infinito y más allá. Y el salto evolutivo al siguiente signo implica poner cotas. Es coronar la cima de la montaña (Capricornio). Es colocar ahí tu bandera poniendo fin a esa aventura. Es aceptar que hasta ahí hemos llegado y que ya no se puede subir más. Y como estés en el Everest cágate porque eso implica aceptar: «La cota». Como humano no puedes pasar de ahí. Es lo más alto a lo que vas a poder ascender en escalada. Después de eso ya no hay nada. Un sagitariano se crispa si le dices esas palabras. Y antes de que digas nada, te recuerdo que solo hablo del comportamiento de la energía y es algo que a todos nos puede pasar en algunos momentos de la vida porque somos una configuración determinada de los 12 signos.

—Sí sí, no me lo iba a tomar como algo personal. Eso también me quedó claro.

—Estamos haciendo el viaje del héroe y cuando lleguemos al final del área novena vamos a tener que aceptar ese: «Hasta aquí podemos llegar»… De ahí en adelante nos tocará la bajada, los kilómetros en negativo. Pero bueno, no es el momento de hablar de acotaciones ahora que recién entramos en Sagitario. Ya tendremos tiempo de hablar de eso cuando el Sol haga su ingreso en Capricornio en el solsticio de invierno. Así que olvida lo que te he dicho y volvamos al modo Sagitario para aprovechar al máximo las energías de expansión.

—Ok. Oye, otra pregunta: ¿Si todos tenemos los doce signos y los doce tienen cierta reverberación en nuestra personalidad eso no nos generará conflictos internos?

—Por supuesto que nos genera conflictos internos. Y es el desconocimiento de nuestra naturaleza astrológica lo que termina llenando las consultas de los psicólogos porque en algún momento determinado todos terminamos cuestionándonos ciertos aspectos de nuestra personalidad, o los cambios que sufrimos a nivel emocional que a veces pueden incluso pasar por un trastorno de bipolaridad; pero en verdad son efectos secundarios de los tránsitos planetarios que van activando diferentes partes de nuestra carta y eso repercute en nuestra psique y nuestro comportamiento; determinando además lo que nos toca vivir y experimentar en cada periodo de nuestra vida. ¿Sabes?… La psicología sería mucho más eficiente si se contemplara desde la astrología porque las cartas natales dan justificación a todos los cuadros psicológicos. En una carta se puede ver de dónde nos viene un determinado comportamiento y también el mejor modo de trabajarlo para poder superarlo. Todo se equilibra con la energía del signo opuesto o con el de al lado. Si eres consciente de eso, el trabajo para corregir conductas y patrones de pensamiento se vuelve mucho menos tedioso. El conocer la razón de algo (Sagitario) nos aporta la paz mental y el optimismo necesario (Sagitario también) para superar la crisis mental o emocional (Escorpio). Volvemos a lo mismo. Lo sagitariano sana lo escorpiano y la astrología es una herramienta enormemente útil.

—Interesante.

—Carl Jung, pionero en su tiempo, ya trabajó la psicología desde la astrología, pero después de él solo los astrólogos contemplamos esa opción. Sí que hay una astrología psicológica porque muchos psicólogos se han hecho después astrólogos, pero la psicología oficial no contempla aún esa opción. Y en mi opinión erran, pienso que van dando palos de ciegos hasta dar con la tecla, si es que lo logran, pero así se pierde demasiado tiempo. Aunque mejor correr un tupido velo…, haciendo en el viaje del héroe no podemos mirar atrás (Escorpio) solo hacia adelante, hacia el futuro (Sagitario). Así que vamos a cambiar psicología (Escorpio) por filosofía y metafísica (Sagitario) y vamos a por el trabajo de Hércules de este signo.

 

 

Hércules y las aves del lago Estínfalo

Griego+-+Heracles+y+las+aves+de+estnfalo+Maxence+Orsay

 

En el noveno trabajo Hércules debía de ahuyentar a unos pájaros grandes y feroces, con pico de hierro afilado como espadas y plumas como dardos de acero que andaban haciendo estragos por la zona. Y eran tantos, que impedían el paso de la luz del Sol. Esto es clave para ver la simbología hay detrás de esta historia, que es lo que verdaderamente nos interesa a nosotros. El Sol representa la sabiduría y el conocimiento supremo, «la verdad» de la que hablábamos antes, esa a la que nos cuesta llegar por toda esa reprogramación mental que tenemos y nos nubla y nos condiciona la razón. Si miras algo con una idea preconcebida nunca vas a poder ver la verdad, ni siquiera la verdad relativa. Esa parte de la verdad general a la que sí podemos tener acceso. Si estás condicionado vas a ver justo lo que esperas ver, porque no vemos con los ojos sino con el cerebro y bajo una programación específica pero así no se puede ver la luz del Sol, solo ves los pajarracos del lago como en la historia, que como siempre han estado ahí tú piensas que eso es la única verdad, como sucede también en el mito de la caverna de Platón. Hemos creciendo viendo sombras proyectadas y nos hemos creído que eso era así pero nada de eso es real, es la luz de nuestros condicionamientos mentales que poco tiene que ver  con la luz del solar. Y el trabajo en Sagitario es matar esas aves que están distorsionando nuestra realidad. Tenemos que detectar y reprogramar nuestros viejos patrones de pensamiento.

—¿Y cómo vence a las aves? Porque Hércules sí lo logra ¿no?…

—Por supuesto que lo logra. No habría un viaje del héroe si no hubiera logrado hacer los doce trabajos. Mejor o peor, ya has ido viendo todas sus hazañas, donde ha pecado más de humano que de dios. Por eso me gusta ese mito, porque es viable para nosotros, no se espera que lo hagamos bien, sino simplemente que lo hagamos, a vistas del proceso iniciático es lo único que cuenta que hagamos «el proceso». Y sí. Claro que lo consigue. Emitiendo un fuerte sonido con una especie de campana que le regaló la diosa Atenea. Los dioses suelen suministrarnos todo lo que podamos necesitar para superar cada etapa del camino. Se llaman sincronicidades. O así lo llamó Jung. Pero vamos es cuando los astros conspiran a nuestro favor. Nos meten en el envolao pero nos facilitan los medios para que podamos salir de ahí. Como en los videojuegos, nos proporcionan las herramientas necesarias para poder pasar a la siguiente pantalla. Solo tienes que estar atento a lo que acontece a tu alrededor y mirar todo con ojos de Sherlock Holmes.

—Vale pero eso traducido a nuestra vida… ¿Cómo hacemos para espantar a los pajarracos?…

—Igual que en la historia. Con un sonido potente.

—Igual es como me dejas tú a mí, con eso no aclaras mucho.

—Vente a un viaje de sonido de los míos y te lo muestro. Un fuerte sonido de gong y todos los pájaros de tu cabeza escapan de allí pero a toda leche.

—No te creo.

—Vente y lo compruebas.

—Pues voy a ir. Eso tengo que verlo con mis propios ojos.

—Hombre de poca fe. Eso no es típico de un sagitariano. Ni debes de hacerlo en este punto del viaje donde precisamente el reto está ahí, en creer sin ver. Pero como recién empezamos te lo voy a pasar por alto. A ver, te explico para que puedas entenderlo. Con un sonido potente me refiero a una vibración más potente que la del pajarraco. Todo en la creación no es más que vibración y toda vibración parte inicialmente de un sonido. TODO. Tú y yo somos sonido, una melodía que no llegamos a percibir porque es de otra dimensión, pero en algún lugar está sonando o no estaríamos aquí. Es la música de las esferas de la que hablaron los pitagóricos. Toda vibración procede de un sonido y los sonidos de una vibración muy elevada hacen que los de baja vibración salgan despavoridos, como las aves en el mito.

—Vale, ahora sé por dónde vas.

—Los sonidos de los instrumentos ancestrales, Gongs, cuencos tibetanos, campanas… tienen la capacidad de elevar enormemente la vibración de todo nuestro campo energético y lo que sea de una vibración inferior abandona rápidamente ese espacio. Y ahora me preguntarás: ¿Cómo afecta eso a la reprogramación de la que veníamos hablando?…

—Pues mira sí, eso mismo te iba a preguntar.

—Conoces la hipnoterapia, ¿no?

—Por supuesto.

—Cuando queremos dejar un hábito o un patrón de conducta determinado, trabajarlo en ese estado de hipnosis ayuda. ¿Por qué?…

—No lo sé, dímelo tú.

—Porque así el terapeuta te manipula con muchísima facilidad. Te induce a un estado de conciencia alterado y desde ahí accede al programa que quieres eliminar o modificar. Vamos que te lleva directo al lago ese de la historia dónde están los pajarracos. Y desde ahí puedes meter otra información que anule la anterior, un clavo quita otro clavo. Hasta aquí está claro ¿no?

—Sí.

—Pues el sonido de los cuencos tibetanos y el gong también te llevan a ese mismo estado de conciencia alterado. A Wonderland o el lago. Pero con el plus añadido de que entras con una vibración muy elevada que hace que esos clavos se suelten un poco y así es mucho más fácil dar el cambiazo. Si sabes exactamente cuál es la frasecita que te metió tu padre en la cabeza la puedes reprogramar con otra que sea opuesta. Como por ejemplo: «Se puede triunfar en la vida trabajando poco»…

—No sé, no creo que sea tan simple. Me cuesta creerte.

—¿Qué parte de: «tienes que hacer un acto de fe» no has entendido?…

—Te he entendido perfectamente, solo digo que eso es algo que cuesta de creer.

—Porque estás mirándolo bajo una programación que impide que des esta información por válida. Tal vez fue tu padre, muy saturnino él, quien te instaló esa programación. Pero ya te he dicho que estamos en la caverna de Platón y desde ahí NO podemos juzgar la realidad porque solo vemos sombras proyectadas en la pared. ¿Qué es mentira y qué es verdad? Si te dejas atrapar por la creencia caes en la cárcel sagitariana: «Mis creencias son las verdaderas y tú estás equivocada». Ya te dije que llevaras cuidado con eso Sagitario. No vas a poder creer nada que entre en conflicto de intereses con tu programación actual. Para poder creer tienes que deshacerte primero de muchos condicionamientos mentales. Lo malo es que no conocemos la mayor parte de nuestros programas porque forman parte del subconsciente profundo y eso hace que actuemos sin percatarnos. ¡Claro!.., luego te crees que eres tú el que piensa y decide, ¿pero realmente eres tú o es tu padre?… Y quien dice tu padre dice tu abuela o la voz de tus ancestros porque a tus abuelos también los programaron. ¿Cuán libre crees que eres Sagitario?… Si naciste del vientre de una madre has sido reprogramado y todas las voces de tus ancestros, más la información añadida por colegas y redes sociales te manipulan desde tu subconsciente.

—Justo cómo estás haciendo tú ahora, ¿no?

—Exacto. Pero yo solo te estoy quitando las cadenas para que puedas salir de la caverna y compruebes por ti mismo que la realidad puede ser muy distinta. Eres tú el que tiene que decidir si quiere salir o no, porque a veces la vieja realidad nos resulta mucho más cómoda. Eso ya es elección tuya. Ahí no me voy a meter. Manipular a otros tiene retorno kármico y yo no quiero eso ni de coña. Pero sí te digo que este mes tienes el tipo de energía que necesitas para poder hacerlo. Los astros conspiran a tu favor. El que viene ya cambia la cosa. Es Saturno el austero el que manda, no Júpiter, el planeta de la suerte y la fortuna, de la fe, del positivismo, del optimismo, del «¡venga tú puedes!… Nothing is imposible»… Tú mismo.

—Ya, pero si es así como dices y nos cuesta tanto detectar los viejos programas…

—Por eso, mejor hacerlo este mes, bajo la regencia de Júpiter que además recién deja de retrogradar para iniciar su marcha directa. Si es que tenemos los astros a favor. Ten fe en que lo lograrás.

—Bueno, ¿y por dónde empiezo?… ¿Cómo hago para detectar mi vieja programación?

—Tú no tienes que preocuparte por eso. Es algo que va a ir pasando solo. En algún momento te verás diciendo frases de esas que te repitieron. Lo detectarás, tranquilo. Si ahora te viene a la mente alguna frase en particular puedes empezar por ahí, contrarrestando con una frase antagonista. Ya sabes, un clavo quita otro clavo y un programa puede anular a otro. Pero realmente no tienes que preocuparte por los viejos clavos ahora. Solo por los nuevos. Empieza a repetirte la nueva frase, una y otra vez, te la creas o no, eso da igual, persistencia vence a resistencia, si persistes en el tiempo dando martillazos el otro clavo termina cayendo y tú terminas creyéndotelo y cómo lo que crees es lo que creas con el tiempo terminará sucediendo. El problema es que la vieja creencia es más fuerte, tú empiezas a repetir la frase y se ríe de ti en tu cara. Te dice: ¡Venga ya! Eso no te lo crees ni tú, no pierdas el tiempo. Y… «Game over» por ahí te gana la partida. El mito de Orfeo es clave para salir de toda cárcel. Cuando miramos algo de frente tomamos conciencia de que eso es una realidad, entonces nos aprisiona.

—No entiendo.

—En el caso de Orfeo el problema es la amada que está muerta. Si la contempla antes de salir del Hades, o sea, antes de cambiar de signo, la va a ver muerta y eso se convierte en su realidad. Para verla viva tiene que esperar a salir del Hades. Ya sabemos que no lo logró, no pudo esperar a cambiar de lugar y eso es lo que nos pasa a todos y lo que hace que perpetuemos el problema. Nos quedamos mirándolo de frente y obviamente nos atrapa, porque no dejamos de mirarlo desde el Hades y desde ahí, la amada está muerta. De sobra sabemos que eso es así, esa verdad pesa demasiado en nuestra conciencia y nos atrapa. Pero es que eso es cierto e indiscutible, en el Hades solo hay muertos. ¿Cómo creer que algo pueda ser diferente a como tus cinco sentidos te lo están mostrando? … Para creer en algo que no puedes ver ya hay que tener una fe de esas que mueven montañas, y por eso no las movemos claro está. Porque nos cuesta mucho creer en lo que no podemos ver. Ya te he dicho antes que cada prueba es más compleja. Y a la que nos enfrentamos aquí es peor que la de Escorpio, porque implica confiar de forma ciega. Sin ver nada, porque si miras perpetuas lo que tus sentidos te muestran. Zeus te dice aquí: Hijo mío (Hércules era hijo Zeus, ergo es tu padre) Salta. ¿Y tú que vas hacer? Si miras hay un abismo bajo tus pies. ¿Te atreves a saltar?…  La respuesta a eso es: Si quieres llegar a la siguiente estación del vieje del héroe no te queda otra, tienes que saltar sin mirar. Hay que hacer un acto de fe y no mirar nada de nuestra realidad hasta cambiar de signo, porque ahí la energía se comporta de un modo distinto y la matrix cambia y ahí veremos cosas que antes no veíamos y vamos a encontrar otro tipo de herramientas, de sincronicidades. Los dioses de repente nos abren la puerta del Olimpo. Pero si estás mirando al Hades no lo vas a ver, solo ves que hay un abismo a tus pies. No sé si me entiendes.

—Sí sí. Perfectamente.

—Mirar hacia adelante es mirar a tu futuro, a lo que aún no es pero será, por supuesto eso solo puede acontecer si tú le das la oportunidad. Sí haces un acto de fe.

—Entiendo.

—Las creencias limitantes pesan demasiado en nuestra cabeza. Si pensamos que son verdades nos mantendrán atrapados en la caverna de Platón y moriremos pensando que la vida era así, sombras proyectadas en la pared. No coño no. Así es la vida en esa cueva, eso nadie te lo va a discutir, pero fuera hay todo un mundo nuevo por descubrir, donde hay luz del Sol y las cosas funcionan de otro modo. Tú decides si quieres explorar esos territorios o prefieres quedarte a vivir en la cueva de las sombras matando la esencia más sublime del Sagitario que llevas dentro.

—Sería un sacrilegio.

—Eso mismo pienso yo. Pues bien, la herramienta que tenemos aquí para liberarnos de la cárcel es la reprogramación. Desde luego la terapia de sonido ayuda, porque espanta esa voz del subconsciente que te hace mirar para atrás. Es un espanta voces y así puedes sembrar tranquilamente tu frase semilla sin miedo a que las aves se la coman.

—Me va tocar ir a probar una sesión tuya.

—Cuando quieras. Ya sabes dónde encontrarme.

—En el Olimpus.

—Ahí estoy sí.

—Apúntame entonces para la próxima.

—Pues mira, eso forma parte de los deberes de este mes.

—¿Ir a un viaje de sonido?

—No. La reprogramación. Si puedes ir a un viaje perfecto. Si no, te recomiendo música de elevada vibración, relajación profunda y frases semillas. Vete pensando por dónde quieres empezar pero no te compliques la vida. Empieza por una única frase. Alguna que te permita ver un cambio en poco tiempo. Algo como: Empiezo el día con alegría, o contemplo la vida con las gafas del optimismo, o el positivismo es mi estilo de vida. Algo así. Sencillo pero que te permita percibir la diferencia, que puedas sentir que tu vibración se ha elevado y como lo que vibras es lo que atraes, poco a poco irás atrayendo otras circunstancias diferentes a tu vida, irás cogiendo más maestría en tu reprogramación e irás a por metas cada vez más elevadas.

—Hasta el infinito y más allá.

—Pues nada. Ya sabes, a trabajarte la reprogramación y la energía más elevada de Sagitario que la vamos a necesitar el mes que viene para coronar la cima del Everest.

—¿Y tiene que ser esa montaña?… ¿No te vale el Mulhacén?

—Pues es algo simbólico, pero estamos haciendo el viaje del héroe, por supuesto que tiene que ser el Everest, representa el punto más alto al que vamos a llegar en esta aventura de crecimiento personal. Después de entrar en el área décima, no hay ni infinito ni más allá, solo camino de bajada hasta que nos disolvemos en aguas piscianas. Después tú a tu casa y yo a la mía.

—¡Qué sequedad por Dios! ¿Y tú  dices que eres Piscis?

—Sí, de Sol, pero con Ascendente Capricornio.

—Claro de ahí te debe venir. Pues nada, por Capricornio guías tú sola, que parece que se te da bastante bien.

—Como a las cabras ir por el monte, sí. Y haciendo uso mis capacidades capricornianas, damos por concluida nuestra aventura por el signo de  Sagitario. En nuestro siguiente encuentro acotamos … ¡Hasta el Everest y pare usted de contar! .

—¿Ese es el lema de Capricornio?

—Exacto. Pero hay algo que no estás viendo y que no lo veas no quiere decir que no exista. Después del Everest (Capricornio) ya no hay nada, pero no hay nada físico claro. El camino a partir de ahí es etéreo. No se ve con los ojos físicos sino con el tercer ojo, con el del sexto sentido. Por eso necesitas hacer ese  acto de fe, aquí y ahora, en la novena estación para luego poder acceder a las dos últimas estaciones de este viaje: Acuario y Piscis. Donde lo que se trabaja ahí nada tiene que ver con nuestra realidad física 3D. Bueno, lo dicho…, nos vemos en el Everest Sagitario.

—Contigo siempre hay letra pequeña, pero bueno, al menos esta vez me los has dicho de antemano, ya es algo. Pues nada. Allí estaré Capricornio. ¿O sería más correcto decir Capricornia?… No sé, con esto de resaltar el género uno ya se pierde.

–XD. Con que no te pierdas de camino al Everest vamos bien. Pero, claro, para eso vas a tener que hacer un acto de fe.

XOXO

 

Un saludo.

Patricia Pérez

 

 

 

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Luna nueva en Sagitario
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Novena estación de viaje del héroe: Aries 13
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