Como ya adelanté en el artículo anterior hoy toca ver las diferentes zonas del cerebro y qué funciones realiza cada una, para que podamos seguir avanzando en ese autoconocimiento que permite mejorar nuestra calidad de vida y sacar mucho más partido de esas facultades que todos traemos de fábrica pero que no controlamos por simple desconocimiento.

Pues bien, vamos con la lección de hoy. En el cerebro se distinguen tres zonas, la más profunda es a la que solemos nos referimos con el nombre de cerebro primitivo o reptiliano, también denominado complejo-R, estaría formado básicamente por los ganglios basales, el tronco del encéfalo y el cerebelo. Esta parte de nuestro cerebro es la que se encarga de controlar los comportamientos instintivos de los que hablábamos en el artículo anterior, todas esas reacciones básicas de supervivencia, la agresividad, la dominación, la territorialidad y los hábitos repetitivos; también controla las funciones autonómicas como la respiración, el ritmo cardiaco, el movimiento muscular y el equilibrio. Sus respuestas son directas, reflejas e instintivas.

Por encima de éste se encuentra una segunda capa, el sistema límbico, también conocido como el cerebro paleomamífero y está formado por la amígdala, el septo, el hipotálamo, la corteza del cíngulo y el hipocampo. Esta parte de nuestro cerebro es la responsable de nuestras emociones y motivaciones, y de todo lo que vamos sintiendo a lo largo de nuestra jornada, al relacionarnos con otras personas o al realizar actividades placenteras o desagradables para nosotros.

Y por último, en una tercera capa se encuentra el neocortex, el cerebro moderno de mamífero, neomamífero o neocorteza. Es característico de los mamíferos más evolucionamos y es el responsable de las funciones superiores, del pensamiento avanzado y los razonamientos, del habla y la comunicación, la planificación, organización, el discernimiento y la percepción. Y además, el único que puede ayudarnos a mantener los estribos y no perder la calma, o simplemente mantenernos en un estado de autocontrol desde donde siendo plenamente conscientes de un suceso podemos decidir si es necesario el enojo o no lo es, porque perfectamente se puede dar el caso de que pueda ser muy necesario y productivo el enojarse en una situación particular y decidamos mostrarlo eventualmente pero con el suficiente autodominio para saber abrir la válvula de presión y normalizar rápidamente el ritmo cardiaco y la respiración cuando ya no se requiera de ese estado de enojo temporal, eso es auténtica maestría. Aristóteles dijo: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.” A lo que se refiere Aristóteles es a cabrearse desde la parte racional de nuestro cerebro, ósea desde el neocortex y cuando las circunstancias verdaderamente lo requieran. Y no, no es sencillo, pero tampoco es imposible, se puede lograr perfectamente siempre y cuando actuemos desde el neocortex y no desde el cerebro primitivo. De ahí la famosa escena que vemos siempre en películas donde el protagonista en un momento de tensión, y normalmente aconsejado por su terapeuta, se detiene y respira antes de actuar o contestar llevado por ese impulso visceral. Que hace?… pues simplemente tratar de inhibir esa inmediata respuesta del cerebro primitivo que lo primero que hace es acelerar la respiración y la circulación sanguínea, para incrementar el nivel de oxígeno en sangre y seguidamente desencadenar toda la química necesaria, adrenalina, cortisol y demás, para incrementar nuestra fuerza y temperamento por si hay que sacar las garras o mover una enorme piedra. Pero ten claro que sí o sí tu cuerpo necesita acelerar la respiración y si eres capaz de controlar ese primer paso y mantenerte en una respiración profunda y calmada puedes actuar desde tu cerebro más evolucionado y racional. Evidentemente, si no lo tienes entrenado, hacer unas cuantas respiraciones no te va a servir de nada, sería más productivo hacer algunas apneas para impedir ese incremento de oxígeno que intentar mantener la calma a través de la respiración si aún no la dominas.

Es todo un Arte el no estresArte y la clave, por supuesto, reside en el control de la respiración, así que todo es cuestión de proponérselo y empezar a trabajarla de forma asidua, solo así te funcionará dicha herramienta. Algo tan básico y tan sencillo como la respiración puede hacer milagros, pero como ya hemos comentado al principio, por defecto está controlada por el cerebro primitivo y no es tan sencillo quitarle ese dominio, sin embargo, si le dedicamos tiempo todos los días y tomamos nosotros mismos de una forma consciente el control de la respiración, haciendo durante algunos minutos respiraciones largas, lentas y profundas, incluyendo pequeñas apneas de unos 4, 5 o 6 segundos según la capacidad de retención de cada quien, podemos desarrollar enormemente esta habilidad. Pero tienes que entrenarte y ser ser contante, todos los días unos minutos y en poco tiempo empezarás a mantenerte en estados de gran paz y serenidad cada vez más prolongados. Una vez logrado este primer objetivo, dedicando esos pocos minutos, ya puedes empezar a alargar el tiempo y pasar entonces a practicar la relajación. Una vez hechos los ejercicios de respiración larga, lenta y profunda, simplemente te dejas llevar por esa sensación de relajación profunda que va invadiendo todo tu cuerpo. Y te quedas ahí quieto, sintiéndolo durante unos pocos minutos más, el tiempo que a ti te apetezca. Cuando ya controlas esto puedes intentar alargar los tiempos de relajación un poco y si eres capaz de mantenerte en un estado de relajación profunda, sin pensar en todas las tareas que podrías estar haciendo y no haces, solo entonces, cuando todo lo demás puede esperar, entonces estás list@ para saltar a la meditación y seguir desarrollando la parte de tu cerebro más racional.

Y a base de repetir y repetir esto, en ese pequeño espacio que has dedicado en tu día a la respiración y la relajación, inevitablemente llegará un momento en que eso, empezará a ganar espacio y extenderse por otras partes de tu vida. Primero empezarás a notar que sientes una necesidad de respirar profundamente en otros momentos de tu día y lo harás cada vez más veces, y al final es como beber agua cuando tienes sed, tu cuerpo necesita esa paz y sabe que respirando la alcanzas, porque lo has estado haciendo durante mucho tiempo y él ya sabe con total certeza cómo lograrlo, entonces genera en ti las ganas de respirar profundamente como si tuvieras sed de paz y tranquilidad, y como lo tienes currado entonces esa respiración sí te transmite la sensación de calma y sosiego. Suena bien verdad?….. bueno, de momento te invito simplemente a que respires, es gratis y de hecho ya lo haces, pero te ánimo a que lo hagas de forma consciente, con toda tu atención puesta solamente en el hecho de respirar, y ralentiza al máximo el ritmo de tu respiración, cuanto más lenta más te desconectas de la influencia del cerebro primitivo y más desarrollas tu parte racional. Y recuerda que por muy largas que sean las distancias a recorrer todas empiezan con un simple paso. Empieza a dar tus primeros pasos en la respiración consciente que lo demás viene rodado y en el siguiente artículo avanzaremos en materia un pelin más, abordaremos el sistema nervioso y otras muchas propiedades de la respiración profunda.

Un saludo!
Patricia Pérez.


 

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El Arte de no estresArte II
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Como ya adelanté en el artículo anterior hoy toca ver las diferentes zonas del cerebro y qué funciones realiza cada una, para que podamos seguir avanzando en ese autoconocimiento que permite mejorar nuestra calidad de vida y sacar mucho más partido de esas facultades que todos traemos de fábrica pero que no controlamos por simple desconocimiento. Pues bien, vamos con la lección de hoy....
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